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Dijo también que, en el curso de mi actividad con él, yo había hecho desplazar a mi punto de encaje incontables veces, como estaba sucediendo en aquel preciso momento. Debido a que esos desplazamientos de mi punto de encaje fueron siempre hacia lo hondo, jamás había yo perdido mi sentido de identidad, a pesar de que estaba utilizando, emanaciones que nunca antes usé.

– Cuando el nagual da su golpe -prosiguió-, el punto acaba en cualquier lugar dentro de la banda del hombre, pero, no importa en absoluto dónde acabe, porque dondequiera que lo hace será siempre terreno virgen.

"La gran prueba que los nuevos videntes desarrollaron para sus guerreros aprendices es desandar el viaje que sus puntos de encaje llevaron a cabo bajo la influencia del nagual. A este repaso, cuando ha sido concluido, le llamaron recuperar la totalidad de uno mismo.

Prosiguió diciendo que los nuevos videntes vieron que, en el curso de nuestro crecimiento, el resplandor de la conciencia, una vez que se enfoca en la banda de emanaciones del hombre y elige algunas de ellas para acentuarlas, entra en un círculo vicioso. Mientras más acentúe ciertas emanaciones, más estable se vuelve el punto de encaje. Esto equivale a decir que nuestro comando se convierte en el comando del Águila. Por lo tanto, es un verdadero triunfo romper ese comando y mover al punto de encaje.

Don Juan dijo que también el punto de encaje es responsable de que la primera atención perciba en términos de racimos. Un ejemplo de un racimo de emanaciones que recibe énfasis al unísono es lo que percibimos como el cuerpo humano. Otro racimo, parte de nuestro ser total, nuestro capullo luminoso, jamás recibe énfasis y queda relegado al olvido porque el efecto del punto de encaje no es tan sólo el hacernos percibir racimos de emanaciones, sino también hacernos ignorarlos.

Insistí que me diera una explicación más amplia de los racimos perceptibles. Me contestó que sólo podía agregar que el punto de encaje es como un imán luminoso que irradia un resplandor que automáticamente agrupa haces de emanaciones adondequiera que se mueve dentro del capullo. Cuando estos racimos se alinean, como racimos, con las emanaciones en grande, percibimos el mundo que conocemos. El agrupamiento de emanaciones se lleva a cabo aún cuando los videntes tratan con emanaciones que nunca se usan diariamente. Cada vez que son acentuadas, las percibimos igual que percibimos los racimos de la primera atención.

– Uno de los más grandes momentos de los nuevos videntes -prosiguió-, fue cuando se encontraron que lo desconocido era tan sólo las emanaciones desechadas por la primera atención. Este descubrimiento fue la gloria de los nuevos videntes, porque virtió nueva luz sobre lo desconocido.

"La enormidad de lo desconocido es casi sin límites pero aún en esa enormidad el resplandor del punto de encaje agrupa emanaciones. Lo que no se puede conocer, por otra parte, es una eternidad donde nuestro punto de encaje no tiene manera alguna de agrupar nada.

Explicó que los nuevos videntes se dieron cuenta de que sus visiones obsesivas, aquellas que eran prácticamente imposibles de concebir, coincidían con el movimiento de sus puntos de encaje a profundas regiones en la banda del hombre.

– Esas son visiones del lado oscuro del hombre -aseguró.

– ¿Por qué lo llama usted el lado oscuro del hombre? -pregunté.

– Porque es nuestro lado sombrío y nefasto -dijo-. No es tan sólo lo desconocido, sino lo que nadie quiere conocer.

– ¿Qué pasa con las emanaciones que están dentro del capullo, pero fuera de los límites de la banda del hombre? -pregunté-. ¿Pueden percibirse?

– Sí, pero de maneras verdaderamente indescriptibles -repuso-. No son lo desconocido humano, como en el caso de las emanaciones desechadas en la banda del hombre, sino lo desconocido casi inconmensurable, donde las características humanas no figuran para nada. En realidad es un área de tan abrumadora inmensidad que los videntes más extraordinarios se verían en dificultades para describirla.

Insistí una vez más que a mí me parecía que el misterio, obviamente, radica dentro de nosotros.

– El misterio queda afuera de nosotros -dijo-. En nuestro interior sólo tenemos emanaciones que intentan romper el capullo. Y, de una manera u otra, este hecho nos aberra, ya seamos hombres comunes o guerreros. Sólo los nuevos videntes pueden superar esto. Luchan por ver. Y a través de los desplazamientos de sus puntos de encaje, llegan a darse cuenta de que el misterio es percibir. No tanto lo que percibimos, sino lo que nos hace percibir.

"Te he mencionado que los nuevos videntes creen que nuestros sentidos son capaces de captar todo. Creen esto porque ven que es la posición del punto de encaje la que dicta lo que perciben nuestros sentidos.

"Si el punto de encaje alinea otras emanaciones interiores, diferentes a las normales, los sentidos humanos perciben de maneras inconcebibles."

VIII. LA POSICIÓN DEL PUNTO DE ENCAJE

Don Juan reanudó nuevamente su explicación en su casa en el sur de México. La casa, era propiedad de todos los miembros del grupo del nagual, pero Silvio Manuel oficiaba como dueño y todos se referían abiertamente a ella como la casa de Silvio Manuel. Yo, por alguna razón me había acostumbrado a llamarla la casa de don Juan.

Don Juan, Genaro y yo habíamos regresado ese día tras un arduo viaje a las montañas. Mientras descansábamos, después de la larga jornada, le pregunté a don Juan cuál era la razón de tan curioso engaño. Me aseguró que no se trataba de ningún engaño, y que llamarla la casa de Silvio Manuel era un ejercicio del arte del acecho que todos sus compañeros debían practicar bajo cualquier circunstancia, incluso en lo privado de sus propios pensamientos. Que alguno de ellos, insistiera en considerarla de otra manera era equivalente a negar sus lazos con el resto de sus compañeros.

Me pareció que se estaba refiriendo a mí y protesté que yo jamás había sabido eso. Le aseguré qué yo no quería causar discordia alguna con mis hábitos.

– No te preocupes por eso -dijo sonriéndome y dándome palmadas en la espalda-. Puedes llamar a esta casa como se te dé la gana. El nagual tiene autoridad. Por ejemplo, la mujer nagual la llama la casa de las sombras.

Nuestra conversación fue interrumpida, y no lo vi hasta que me mandó llamar al patio trasero un par de horas después.

Él y Genaro deambulaban por el extremo lejano del corredor; los veía gesticular con las manos como si estuvieran envueltos en una animada conversación.

Era un día claro y soleado. El sol de media tarde brillaba directamente sobre unas macetas de flores que colgaban de los aleros del techo alrededor del corredor, y proyectaba sus sombras en las paredes del norte y el este del patio. Era asombrosa la combinación de la luz solar intensamente amarilla, las abultadas sombras negras de las macetas y las delicadas sombras de las frágiles plantas en flor que crecían en ellas. Alguien con un agudo sentido del balance y la composición pictórica había podado esas plantas para crear un efecto de exquisita sencillez.

– La mujer nagual ha hecho eso -dijo don Juan como si leyera mis pensamientos-. Por las tardes contempla esas sombras.

La idea de que ella contemplara esas inquietantes sombras tuvo un efecto devastador en mí. La intensa luz amarilla de esa hora, la quietud del pueblo aquel, y el cariño que yo sentía por la mujer nagual evocaron, en un instante, toda la soledad del interminable camino del guerrero.

Don Juan definió el curso de ese camino cuando me dijo que los nuevos videntes son los guerreros de la libertad total, que su única búsqueda es la liberación final que se presenta cuando alcanzan la conciencia total. Al mirar esas perturbadoras sombras en la pared, entendí con perfecta claridad lo que hacía decir a la mujer nagual que el leer poemas en voz alta era el único desasosiego que su espíritu tenía.

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