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– Mi temor era que debido a la estupidez perdería mi oportunidad de ser libre y que repetiría la vida de mi padre.

"Y toma en cuenta que la vida de mi padre no tuvo nada de malo. Vivió y murió ni mejor ni peor que la mayoría de los hombres; lo importante era que mi punto de encaje se movió y que un día me di cuenta de que la vida y la muerte de mi padre no tuvieron ningún significado, ni para otros ni para él mismo.

"Mi benefactor me dijo que mi padre y mi madre vivieron y murieron sólo para tenerme a mí, y que sus propios padres hicieron lo mismo por ellos. Dijo que los guerreros son diferentes porque mueven a sus puntos de encaje lo suficiente para darse cuenta del tremendo precio que se ha pagado por sus vidas. Este movimiento les da el respeto y el terror reverente que sus padres jamás sintieron por la vida en general, o por el estar vivo en particular.

Don Juan dijo que el nagual Julián no sólo hizo que sus aprendices movieran sus puntos de encaje, sino que se divirtió tremendamente mientras lo hacían.

– Por lo menos se divirtió inmensamente conmigo -dijo-. Años después, cuando los demás de mis compañeros videntes empezaron a llegar, incluso yo esperaba ansiosamente las disparatadas situaciones que creaba y desarrollaba con cada uno de ellos.

"Cuando el nagual Julián abandonó el mundo, el deleite se fue con él, y jamás volvió. A veces, Genaro nos deleita, pero nadie puede ocupar el lugar del nagual Julián. Sus dramas siempre eran enormes, sin medida. Te aseguro que no sabíamos lo que era divertirse hasta que vimos lo que hacía cuando se le aguaban algunos de esos dramas."

Don Juan se incorporó de su banca favorita. Se volvió hacia mí. Sus ojos estaban brillantes, en paz.

– Yo no soy buen acechador porque quiero a mis semejantes -dijo-. Por ejemplo, si resultara que eres tan estúpido como para fracasar en tu tarea, tienes que tener por lo menos suficiente energía para mover tu punto de encaje y venir a esta banca. Siéntate aquí durante un momento, libre de pensamientos y deseos; yo trataré de venir a recogerte de dondequiera que esté. Te prometo que procuraré hacerlo.

Explotó en una gran carcajada, como si su promesa fuera demasiado ridícula para ser creída.

– Esas palabras deberían decirse ya entrada la tarde -dijo aún riendo-. Nunca en la mañana. La mañana lo hace a uno sentirse optimista y palabras como esas pierden su significado.

XIII. EL LEVANTÓN DE LA TIERRA

– Hoy vamos a dar una vuelta a pie por la carretera a Oaxaca -me dijo don Juan-. Genaro nos está esperando por ahí.

Su petición me sorprendió. Yo no esperaba ir a ningún sitio. Durante todo el día había aguardado a que continuara su explicación. Salimos de la casa, y en silencio atravesamos el pueblo hasta alcanzar el camino de terracería. Durante largo tiempo caminamos pausadamente. De pronto, don Juan comenzó a hablar.

– Te he contado acerca de muchos de los grandes hallazgos hechos por los antiguos videntes -dijo-. Así como el descubrimiento de que la conciencia orgánica no es la única conciencia presente en la tierra, también descubrieron que la tierra misma es un ser viviente.

Esperó un momento antes de proseguir. Me sonrió, como invitándome a hacer algún comentario. No se me ocurría nada que decir.

– Los antiguos videntes vieron que la Tierra tiene un capullo -prosiguió-. Vieron que hay una pelota que contiene a la tierra, un capullo luminoso que encierra a las emanaciones del Águila. La tierra es un gigantesco ser consciente sujeto a las mismas fuerzas que nosotros.

Explicó que, al descubrir ésto, los antiguos videntes se interesaron de inmediato en los usos prácticos de ese hallazgo. El resultado de su interés fue que las más elaboradas técnicas de su brujería tenían que ver con la tierra. Consideraban que la tierra era la fuente última de todo lo que somos.

Don Juan reafirmó que a este respecto los antiguos videntes no se equivocaban, porque de verdad, la tierra es nuestra original fuente de todo.

No dijo nada más hasta que nos encontramos a Genaro como a un kilómetro y medio del pueblo. Nos esperaba, sentado sobre una roca a un lado del camino.

Me saludó con afecto. Me dijo que debíamos subir a la cima de unas escarpadas montañas, cubiertas de arbustos.

– Los tres vamos a sentarnos contra una roca -me dijo don Juan-, para contemplar la luz del sol que se refleja en las montañas que están hacia el este: Cuando el sol se hunda detrás de las montañas del oeste, quizá la tierra te permita ver el alineamiento.

Al llegar a la cima de la montaña, nos sentamos de espaldas contra una roca. Don Juan me hizo sentarme entre los dos.

Yo me sentía terriblemente nervioso. Le pregunté qué era lo que se proponía hacer. No me contestó. Siguió hablando como si yo no hubiera dicho nada.

– Fueron los antiguos videntes quienes dieron accidentalmente con algo monumental al descubrir que la percepción es alineamiento -dijo-. Lo triste es que nuevamente, sus extravíos les impidieron saber lo que habían logrado.

Señaló la cordillera al este del angosto valle donde se encontraba el pueblo.

– Hay suficiente resplandor en esas montañas para sacudir a tu punto de encaje -me dijo-. Justo antes de que se ponga el sol, tendrás unos momentos para captar todo el resplandor que necesites. La llave mágica que abre las puertas de la tierra está hecha de silencio interno y de cualquier cosa que brille.

– ¿Qué es exactamente lo que debo hacer, don Juan? -pregunté.

Ambos me examinaron. Pensé ver en sus ojos una mezcla de curiosidad y repugnancia.

– Simplemente para el diálogo interno -me dijo don Juan.

Sentí una intensa punzada de ansiedad y duda; no tenía fe en que pudiera hacerlo a voluntad. Después de un momento inicial de molesta frustración, me resigné simplemente a quedarme sentado allí.

Miré a mi alrededor. Me di cuenta que estábamos a suficiente altura para contemplar todo el largo y estrecho valle abajo de nosotros. Más de la mitad estaba cubierto por las sombras vespertinas. El sol aún brillaba sobre las colinas al pie de la cordillera oriental de montañas, del otro lado del valle; la luz solar le daba a los erosionados cerros un color ocre, mientras que los picos distantes y azulados adquirieron un tono casi purpurino.

– Tú estás consciente de que ya has hecho esto antes, ¿verdad? -me susurró don Juan.

Le dije que no estaba consciente de nada por el estilo.

– Hemos estado sentados aquí en otras ocasiones -insistió-, pero eso no importa, porque esta ocasión es la que contará.

"Hoy, con la ayuda de Genaro, vas a encontrar la llave que lo abre todo. Por el momento aún no podrás usarla, pero sabrás lo que es y donde está. Los videntes pagan los más altos precios por saber eso. Tú mismo has estado pagando, paulatinamente, a lo largo de todos estos años.

Explicó que lo que llamaba la llave de todo era el conocimiento directo de que la tierra es un ser consciente, y que como tal puede darle a los guerreros un tremendo levantón; es decir, un impulso proveniente de la conciencia de la tierra, en el instante en el que las emanaciones interiores del capullo de los guerreros se alinean con las emanaciones apropiadas del interior del capullo de la tierra. Puesto que tanto la tierra como el hombre son seres conscientes, sus emanaciones coinciden, o más bien, la tierra contiene todas las emanaciones presentes en el hombre, o para el caso, todas las emanaciones presentes en todos los seres vivientes, orgánicos o inorgánicos. Cuando tiene lugar un momento de alineamiento, los seres vivientes usan ese alineamiento de manera limitada, y perciben su mundo. Como todos los demás, los guerreros pueden usar ese alineamiento ya sea para percibir, o como un levantón que les permite entrar a mundos inimaginables.

– He estado esperando que me hagas la única pregunta significativa que se puede hacer, pero nunca la haces -prosiguió-. Y siempre insistes en preguntar si el misterio de todo queda dentro de nosotros. Nunca acertaste, pero te acercaste bastante.

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