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Le pregunté ésto a don Juan en cuanto regresó.

– Estás absolutamente dormido sin tener que estar acostado -contestó-. Si te vieran ahora personas que están en la conciencia normal, les parecería que estás un poco mareado, incluso borracho.

Explicó que durante el sueño normal, el movimiento del punto de encaje ocurre a lo largo de cualquier borde de la banda del hombre. Esos cambios siempre van unidos al sueño. Los cambios que se inducen mediante la práctica ocurren a lo largo de la sección media de la banda del hombre y no van aparejados con el sueño, aunque el ensoñador duerme.

– Fue precisamente en esta coyuntura que los nuevos y los antiguos videntes hicieron sus esfuerzos separados para conseguir poder, cada cual por su lado -prosiguió-. Los antiguos videntes querían una réplica del cuerpo, pero con mayor fuerza física, así que deslizaron sus puntos de encaje a lo largo del borde derecho de la banda del hombre. Mientras más profundo penetraban, más extraño se volvía su cuerpo de ensueño. Anoche tú mismo fuiste testigo del monstruoso resultado de un movimiento en hondo a lo largo del borde derecho.

Dijo que los nuevos videntes son completamente diferentes, que ellos mantienen sus puntos de encaje a lo largo de la sección media de la banda del hombre. Si el movimiento no es profundo, como por ejemplo el cambio a la conciencia acrecentada, el ensoñador es casi como cualquier otra persona en la calle, salvo por una ligera vulnerabilidad a las emociones, como el temor y la duda. Pero, a cierto grado de profundidad, el ensoñador que se mueve a lo largo de la sección media se convierte en una burbuja de luz. El cuerpo de ensueño de los nuevos videntes es una burbuja de luz.

Dijo también que un cuerpo de ensueño tan impersonal es más conducente al entendimiento y a la examinación, que son la base de todo lo que hacen los nuevos videntes. El cuerpo de ensueño intensamente humanizado de los antiguos videntes los llevó a buscar respuestas que eran igualmente personales, humanizadas.

De pronto, don Juan titubeó y pareció buscar ciertas palabras adecuadas.

– Existe otro desafiante de la muerte -dijo secamente-, tan diferente a los cuatro que viste, que resulta indistinguible del hombre común de la calle. Ha logrado esta hazaña única al ser capaz de abrir y de cerrar su abertura a voluntad.

Casi nerviosamente, jugó con los dedos.

– Ese desafiante de la muerte es el antiguo vidente que el nagual Sebastián encontró en 1723 -prosiguió-. Consideramos que en ese día principia nuestra línea, por segunda vez. Ese desafiante de la muerte, quien ha vivido en la tierra durante cientos de años, ha cambiado la vida de todos los naguales que conoció, algunas veces más profundamente que otras. Y desde ese día en 1723 ha conocido a cada uno de los naguales de nuestra línea.

Don Juan me miró con fijeza. Me sentí extrañamente avergonzado. Pensaba que mi vergüenza era resultado de un dilema. Tenía las más serias dudas respecto al contenido de su narración, y a la vez tenía la más desconcertante confianza de que todo lo que decía era verdad. Le expresé mi dilema.

– El problema de la incredulidad racional no es solamente tuyo -dijo-. Al principio mi benefactor se vio asediado por la misma pregunta. Desde luego, un día todo se le aclaró. Pero se tardó mucho tiempo en hacerlo. Cuando lo conocí ya había recordado todo, así que nunca fui testigo de sus dudas. Sólo oí hablar de ellas.

"Lo extraño de todo esto es que la gente jamás ha visto a ese hombre, como por ejemplo los otros videntes del grupo del nagual, jamás tienen dificultad para aceptar que él es uno de los videntes originales. Mi benefactor dijo que sus incertidumbres provenían del hecho de que la impresión de conocer a una criatura así había amasado cierto número de emanaciones. Se requiere de tiempo para que esas emanaciones se separen.

Don Juan explicó luego que conforme siguiera moviéndose mi punto de encaje, llegaría un momento en que se encendería la combinación adecuada de emanaciones; en ese momento, la prueba de la existencia de ese hombre sería evidente para mí.

Me sentí obligado a hablar nuevamente acerca de mi ambivalencia.

– Nos estamos desviando de nuestro tema -dijo-. Quizá parezca que estoy tratando de convencerte de la existencia de ese señor; y lo que quería decir era que ese antiguo vidente sabe cómo manejar la fuerza rodante. Si crees o no crees que él existe no tiene ninguna importancia. Algún día reconocerás como hecho que efectivamente logró cerrar su abertura. La energía que toma prestada de cada generación de naguales, la usa exclusivamente para cerrar su abertura.

– ¿Cómo logra cerrarla? -pregunté.

– No hay manera de saberlo -contestó-. He hablado con otros dos naguales que vieron a ese hombre cara a cara, el nagual Julián y el nagual Elías. Ninguno sabía cómo lo hizo. El hombre jamás revela cómo cierra esa abertura, que yo supongo comienza a expanderse después de un tiempo. El nagual Sebastián dijo que cuando vio al antiguo vidente por primera vez, el hombre estaba muy débil, de hecho, se estaba muriendo. Pero todos los otros naguales lo encontraron haciendo vigorosas cabriolas, como un jovenzuelo.

Don Juan dijo que el nagual Sebastián le puso un apodo a aquel hombre sin nombre, le llamó "el inquilino", porque llegaron a un acuerdo según el cual el hombre recibía energía, es decir, alojamiento, y pagaba la renta en forma de favores y conocimientos.

– ¿Nunca le fue mal en el intercambio a algún nagual? -pregunté.

– A ningún nagual le fue mal en el intercambio de energía con él -contestó-. La promesa del hombre era que sólo le quitaría al nagual un poco de energía superflua y a cambio le enseñaría extraordinarias habilidades. Por ejemplo, el nagual Julián recibió el paso de poder. Con el podía activar o adormecer las emanaciones interiores de su capullo para verse joven o viejo, a voluntad.

Don Juan explicó que en general, los desafiantes de la muerte llegaron al grado de adormecer todas las emanaciones interiores de sus capullos, salvo aquellas que correspondían a las emanaciones de los aliados. De esta forma, pudieron imitar a los aliados.

Agregó don Juan que cada uno de los desafiantes de la muerte que encontramos en la roca había movido su punto de encaje a un sitio preciso dentro de su capullo, para acentuar las emanaciones compartidas con los aliados y actuar con ellos. Sin embargo, ninguno de esos videntes fue capaz de regresarlo a su posición cotidiana para actuar con la gente. Por otra parte, el inquilino era capaz de mover su punto de encaje para alinear el mundo cotidiano y actuar como si nunca hubiera pasado nada.

Don Juan dijo también que su benefactor estaba convencido, y que él estaba completamente de acuerdo con su benefactor, de que lo que ocurre durante el préstamo de energía es que el brujo antiguo mueve el punto de encaje del nagual para acentuar las emanaciones del aliado que existen dentro del capullo del nagual. Y luego utiliza la gran descarga de energía producida por esas emanaciones que repentinamente quedan alineadas, después de estar tan profundamente adormecidas.

Dijo que la energía encerrada en nosotros, en las emanaciones adormecidas, tiene una fuerza tremenda y un alcance incalculable. Sólo podemos apreciar vagamente el alcance de esa tremenda fuerza, si consideramos que la energía requerida para percibir y actuar en el mundo cotidiano es producto del alineamiento de ni siquiera la décima parte de las emanaciones encerradas en el capullo del hombre.

– Lo que ocurre en el momento de la muerte es que toda esa energía es liberada a la vez -continuó-. En ese momento los seres humanos se ven inundados por la fuerza más inconcebible. No es la fuerza rodante que ha roto sus aberturas, porque esa fuerza jamás penetra al interior de capullo; sólo lo hace desplomarse. Lo que los inunda es la fuerza de todas las emanaciones que repentinamente quedan alineadas después de estar adormecidas durante toda una vida. No hay otra salida para una fuerza tan gigante, sino escapar a través de la abertura rota. Esa es la muerte.

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