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Avanz? unos pasos, lenta y silenciosamente. Scaramouche se volvi? a Clim?ne sonriendo, y le devolvi? la palmatoria.

– Si nos dejas solos, querida Clim?ne, pedir? tu mano al se?or Binet como es debido.

La muchacha hizo mutis, algo confundida, pero m?s encantada que nunca. Scaramouche cerr? la puerta y se enfrent? al enfurecido Binet, que se hab?a hundido en un sill?n al lado de la mesa. En pie, delante de ?l, el joven dijo:

– Mi querido padre pol?tico. Te felicito. Esto significa un puesto en la Comedia Francesa para Clim?ne dentro de poco. T? tambi?n brillar?s en el firmamento de su gloria. Como padre de madame Scaramouche, llegar?s a ser famoso.

El semblante de Binet, que miraba a Andr?-Louis boquiabierto, se puso rojo como un tomate. Su rabia aumentaba a medida que comprend?a que, por m?s que quisiera impedirlo, aquel joven acabar?a por convencerle. Al fin pudo recobrar el habla.

– ?Eres un maldito bandido! -grit? dando un pu?etazo en la mesa-. ?Un bandido! Primero te mezclas en mis asuntos y me despojas de la mitad de mis ganancias, y no contento con eso, ahora quieres robarme a mi hija. ?Pero mal rayo me parta si se la entrego a un don nadie como t?, sin oficio ni beneficio, a quien s?lo aguarda la horca!

Scaramouche tir? del cord?n de la campanilla. Se mostraba sereno. Sonriente. Sus ojos resplandec?an. Aquella noche estaba contento del mundo y de la vida. Realmente deb?a estarle agradecido al se?or de Lesdigui?res.

– Binet -dijo-, olv?date aunque sea por una vez de que eres Pantalone, y comp?rtate como un amable suegro que acaba de obtener un yerno de relevantes m?ritos. Vamos a beber por mi cuenta una botella del mejor Borgo?a que se encuentre en R?don. ??nimo, hombre! Corta la bilis con el vino, pues nada estropea tanto el paladar como los malos h?gados.

CAP?TULO VII La conquista de Nantes

La Compa??a Binet debut? en Nantes -como puede a?n leerse en algunos ejemplares del Courrier Nantais- en la celebraci?n de la Purificaci?n con Las picard?as de Scaramouche. Pero esta vez los comediantes no entraron en la ciudad como sol?an hacer en las aldeas, desfilando y anunci?ndose por las calles. Andr?-Louis imit? la forma de anunciarse de las compa??as de la Co media Francesa. As? pues, en R?don orden? la impresi?n de carteles, y cuatro d?as antes de la llegada de la compa??a a Nantes, los fijaron en la puerta del Teatro Feydau y en otros lugares concurridos de la ciudad. En aquel entonces los anuncios y los carteles no eran tan usuales, y llamaron bastante la atenci?n del p?blico de Nantes. El encargado de pegarlos fue uno de los actores reci?n llegados a la compa??a, un joven llamado Basque, quien fue enviado por delante con este prop?sito.

A?n pueden verse esos carteles en el Museo Carnavalet. En ellos aparecen los actores s?lo con sus nombres art?sticos, a excepci?n del se?or Binet y de su hija, sin contar que el que hac?a de Trivelino en una obra aparec?a como Tabarino en otra, lo cual hac?a aparecer al elenco cuando menos la mitad de grande de lo que en realidad era. En esos afiches se anunciaba el estreno de Las picard?as de Scaramouche, a la que seguir?an otras cinco comedias, cuyos t?tulos se mencionan, y otras no mencionadas, que se estrenar?an si el favor del p?blico de la culta ciudad de Nantes animaba a la Compa??a Binet a prolongar sus representaciones en el Teatro Feydau. Los carteles tambi?n dec?an que la compa??a se especializaba en el g?nero teatral de la improvisaci?n, al antiguo estilo italiano, cosa que no se ve?a en Francia desde hac?a medio siglo, y se exhortaba al p?blico de Nantes a no perder la ocasi?n de ver c?mo aquellos farsantes resucitaban las viejas glorias de la Comedia del Arte. Siempre seg?n los carteles, la presencia de la compa??a en Nantes no era m?s que el preludio de una visita a Par?s, donde rivalizar?an con la Comedia Francesa, mostrando al mundo cuan superior es el arte de los que improvisan comparado con los actores que depende, palabra por palabra y gesto por gesto, del texto de un autor y que repiten lo mismo cada vez que salen a escena.

Era un cartel audaz, y eso asust? al se?or Binet, a pesar de la poca lucidez que le quedaba con tanto Borgo?a a su disposici?n. En su momento, protest? vehementemente, pero Andr?-Louis no le hizo el menor caso.

– Ya s? que es una osad?a -fue la respuesta de Scaramouche-. Pero a tu edad ya deber?as saber que en este mundo no se triunfa sin audacia.

– Te proh?bo terminantemente que distribuyas esos carteles -insisti? el se?or Binet.

– Eso ya me lo esperaba. Del mismo modo que s? que despu?s me agradecer?s que te desobedezca.

– Nos llevas a una cat?strofe.

– Te llevo a la fortuna. La peor cat?strofe que pudiera ocurrimos ser?a tener que volver a actuar en los mercados de las aldeas. Os llevar? a Par?s, aunque no quieras. D?jame hacer las cosas a mi manera.

Despu?s de los carteles, Andr?-Louis escribi? un art?culo acerca de la Comedia del Arte italiana, anunciando su resurrecci?n gracias al gran mimo Florimond Binet. El nombre de Binet no era Florimond, sino Pierre. Pero Andr?-Louis ten?a una gran intuici?n teatral. Aquel art?culo era una ampliaci?n del texto contenido en los carteles. Y persuadi? a Basque, que ten?a relaciones en Nantes, para que usara su influencia con el fin de que aquel art?culo se publicase en el Courrier Nantais, dos d?as antes de la llegada de la Compa??a Binet. Basque lo consigui?, y no es de extra?ar tomando en consideraci?n el m?rito literario y el inter?s intr?nseco del art?culo.

As? las cosas, en la primera semana de febrero, cuando lleg? la Compa??a Binet, ya la estaban esperando con curiosidad. De haber sido por Binet, hubieran entrado en Nantes como de costumbre, en una cabalgata carnavalesca, a golpe de bombo y platillo. Pero Andr?-Louis se opuso tajantemente.

– Pondr?amos en evidencia nuestra pobreza -dijo-. En vez de eso, entraremos sin ser vistos para que el p?blico ponga su imaginaci?n a trabajar.

Como de costumbre, Scaramouche se sali? con la suya. Binet ya estaba cansado de pelear contra el joven, sobre todo ahora que la lucha era desigual, pues Clim?ne, obviamente apoyaba a su amado Scaramouche, reprobando los procedimientos anticuados de su padre. Metaf?ricamente hablando, el se?or Binet rindi? la guardia, y maldijo el d?a en que hab?a dejado entrar en su compa??a a aquel joven tan atrevido que hac?a con ?l lo que le daba la real gana. Estaba seguro de que tarde o temprano su intrepidez acabar?a hundi?ndole. Mientras tanto, trataba de olvidar con el Borgo?a que ahora ten?a en abundancia. Nunca hab?a bebido tanto en su vida. Y tal vez las cosas no iban tan mal como imaginaba. Al fin y al cabo ten?a que agradecerle a Scaramouche todo aquel Borgo?a. Y aunque se tem?a lo peor, albergaba la esperanza de que todo fuera bien.

Y as?, temiendo siempre lo peor, aguard? entre bastidores a que el tel?n se levantara en aquella primera representaci?n de su compa??a en el Teatro Feydau, que estaba lleno de un p?blico curioso, excitado por lo que hab?a le?do en los carteles.

Aunque el argumento de Las picard?as de Scaramouche no ha sobrevivido a su autor, seg?n cuenta Andr?-Louis en sus Confesiones, comienza con un parlamento de Polichinela en el papel de celoso enamorado que trata de conquistar a Colombina, la doncella de Clim?ne, para que acceda a espiar a su ama. Empieza con piropos y zalemas, pero se equivoca, pues la alegre Colombina s?lo se deja cortejar por los galanes apuestos, y el jorobado tiene que pasar a las amenazas, anunciando que se vengar? si no le obedece incondicionalmente o si le traiciona. Tampoco as? consigue su objetivo, y tiene que recurrir a las d?divas, con lo cual consigue vencer al fin la resistencia de Colombina, quien promete a Polichinela que espiar? a Clim?ne y le dar? a ?l toda la informaci?n acerca de la conducta de su ama.

La pareja actu? a las mil maravillas, y sin duda a esto contribuy? considerablemente el hecho de que estuvieran tan nerviosos ante un p?blico tan numeroso. Polichinela se mostr? orgulloso e insistente; Colombina, indiferente, desfachatada y zumbona, actu? con gran astucia para sacar el mayor partido al soborno que se le ofrec?a. Las risas en el teatro se reiteraron augurando un ?xito total. Pero el se?or Binet, temblando entre bastidores, a?oraba las estruendosas carcajadas de los campesinos, que eran su p?blico habitual, y sus miedos no hac?an sino aumentar.

Apenas Polichinela sali? por la puerta, entr? Scaramouche por la ventana. Era una entrada tan sensacional, que por lo general entusiasmaba a los espectadores por su inesperada comicidad. Pero no fue as? en aquella ocasi?n. Pensando en eso al otro d?a, Scaramouche decidi? presentarse bajo un aspecto totalmente diferente. Suprimir?a todas las payasadas y chistes groseros con que hab?a deleitado a espectadores m?s r?sticos, y tratar?a de ser gracioso pero con sutileza. Presentar?a al p?blico el arquetipo de un gran brib?n c?mico, reservado, con cierta dignidad, que mostrara un rostro solemne y expresara un humor atractivo pero sin chocarrer?as. Probablemente el p?blico tardar?a m?s en comprenderlo y descubrirlo, pero al final les gustar?a m?s.

Coherente con este plan, actu? haciendo de amigo y aliado de L?andre, el enfermo de amor, a quien daba noticias de Clim?ne siempre buscando la ocasi?n de conquistar a Colombina, y su otro designio, nada honrado: la bolsa de dinero de Pantalone. Tambi?n cambi? el traje de Scaramouche. Acuchill? de rojo el jub?n negro, un poco a lo Enrique III. El tradicional gorro de terciopelo negro se transform? en un sombrero c?nico, con el ala vuelta hacia arriba y una pluma a la izquierda. Y su inseparable guitarra desapareci?.

Tras asistir a todas estas transformaciones, el se?or Binet esperaba desesperadamente que estallara la risa que siempre saludaba la aparici?n en escena de Scaramouche. Pero no hubo risas y su desaliento fue total. Pronto advirti? algo inusitadamente alarmante en la actuaci?n de Scaramouche. Como de costumbre, el actor chapurreaba aquel franc?s con acento espa?ol, pero ahora no pronunciaba ninguna de las frases groseras que hac?an las delicias del p?blico.

Desesperado, se retorci? las manos.

– Nos ha arruinado -se dijo-, y esto me pasa por ser tan imb?cil y cederle el control de todo.

Pero el se?or Binet se equivocaba de medio a medio. Cosa que advirti? cuando poco despu?s le toc? salir a escena y se encontr? con un p?blico atento y la satisfacci?n reflejada en todos los rostros. No obstante, s?lo se sinti? seguro de que saldr?an de all? con vida cuando oy? los aplausos atronadores al caer el tel?n en el primer acto.

Por suerte el papel de Pantalone en Las picard?as de Scaramouche era el del viejo timorato, despistado e idiota, pues de no haber sido as?, Binet lo hubiera echado todo a perder con sus temores. Pero como su miedo aumentaba la vacilaci?n y el estupor tan esenciales en su papel, lejos de perjudicar su actuaci?n, contribuyeron al ?xito. Un ?xito que justific? todas las expectativas suscitadas por los carteles y el art?culo concebidos por Scaramouche.

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